20 años de la Fundación Hogar de la Divina Misericordia

Por: Amparo Gómez de Arango, Directora

 

La Fundación Hogar de la Divina Misericordia empezó hace veinte años en un cuarto con cuatro camas. La primera familia llegó de Fresno, el niño tenía cáncer e iba a recibir tratamiento en el Hospital Infantil. Sus padres, que nunca habían ido a Manizales y no conocían a nadie en la ciudad, tampoco tenían recursos para cubrir los gastos del hospedaje y tres comidas diarias, así que en ese cuarto encontraron lo necesario para afrontar el tratamiento médico.

 

En ese entonces, muchas de las familias que viajaban a Manizales para el tratamiento de sus hijos tenían que arreglárselas sin una habitación, debían dormir en un pasillo del hospital o en un rincón de la portería. En un acto de gran generosidad, algunas de las enfermeras albergaban a las madres en sus casas. No eran pocas las familias que, lejos de sus pueblos, sin dinero ni ayuda, se veían obligadas a abandonar el tratamiento de sus hijos.

 

Esta fue la primera solución que se dio antes de establecer la Fundación. Sabían que esa familia de Fresno era una entre muchas, entonces el cuarto se quedaba corto. Empezaron a soñar con una casa entera para albergar más personas, pensaban que un buen lugar en alquiler cerca al hospital sería una señal de Dios para crear la fundación formalmente. En cuestión de días la encontraron y la dotaron con donaciones generosas de amigos y familiares.

 

Allí empezaron a llegar familias de todo el Eje Cafetero, norte del Valle y Tolima. Ya podían recibir hasta sesenta personas y darles, sin costos ni condiciones, albergue, tres comidas y la asesoría que necesitaban para hacer trámites y moverse por la ciudad.

 

La casa ya era una Fundación en toda regla y, como tal, necesitaba más recursos. Las fundadoras decidieron apelar a la generosidad de toda la ciudad y con la ayuda del periódico La Patria empezaron a pedir donaciones de ropa usada en buen estado y a venderla a través de El Ropero, que todavía sostiene buena parte de los gastos de la Fundación. Las donaciones han sido tan generosas y constantes que también alcanzan para donaciones a parroquias de barrios de bajos recursos. Más de once mil personas han contribuido al ropero con prendas de vestir y muebles.

 

El siguiente sueño fue un lugar para albergar abuelos de familias de bajos recursos. La segunda casa apareció, también como por milagro, justo detrás de la primera; la ocupaba la Fundación Plenitud que iba a cerrar y decidió entregarla. Desde entonces, alberga a cincuenta abuelos que conviven con seis estudiantes becados en la Universidad Autónoma que, gracias al hogar, pueden vivir en Manizales sin ningún costo y como contraprestación, contribuyen al cuidado de los abuelos y las madres de los niños en tratamiento.

 

En los últimos nueve años la Fundación ha beneficiado a más de 14 mil personas entre pacientes y acompañantes. Hoy, los 32 empleados atienden a 110 que viven en las dos casas y 120 que se alimentan todos los días en sus comedores. De los grandes números durante estos 20 años de historia, se destaca el de los manizaleños que han contribuido al Hogar a través de donaciones, más de 10 mil personas que han expresado con su ayuda la divina misericordia de Dios.

 

Esa misericordia ha estado presente durante dos décadas en las enfermeras que les ofrecían sus hogares desinteresadamente; los amigos y familiares que donaron dinero y muebles para la primera casa; las miles de personas que siguen donando ropa; los estudiantes que viven en el hogar y escuchan a los abuelos y las personas voluntarias que dan su tiempo para acompañar a las familias y a los abuelos.

 

Con suerte, la casa se convertirá en un refugio para que esas personas vivan sus últimos días acompañadas, con todas sus necesidades físicas y espirituales resueltas. En este espacio se refleja la presencia de Dios en todas partes. Cada vez que se necesita algo, aparece entre los actos de misericordia de la gente.

 

¡Gracias a la generosidad de la gente de Manizales esta obra sigue!

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